Érase un gallo que vivía en un gallinero el sólo. Cuando el dueño entraba en el gallinero, el gallo se ponía a cantar. El duaño pensó en decírselo a la gente del pueblo, los cuales fueron a ver al gallo. Cuando entraban al gallinero, la gente del pueblo también se ponía a cantar. Entre todos decidieron llevarle a la feria del pueblo vecino, y cuando el gallo empezó a ver a gente, no hacía otra cosa que cantar y cantar. Rápidamente al dueño se le ocurrió poner un platillo y la gente echaba monedas. El dueño vivía del gallo le pidió un deseo al dueño, y es que le comprara comida especial para gallos.
lunes, 8 de marzo de 2010
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